jueves, 25 de febrero de 2016

Tragedia ferroviaria en Queronque, Limache, Chile: Aniversario N°30


Con la autorización del periodista y editor de Diario Crónica www.diariocronica.cl y de Quinta Noticias, www.quintanoticias.cl de Limache,  José Fernando Molina  Briones, reproduzco para ustedes su publicación, con motivo de la conmemoración de los 30 años del fatídico accidente ferroviario acaecido el 17 de febrero de 1986, en  el sector del puente de Queronque, entre las estaciones de Peñablanca y Limache, Provincia de Marga Marga, Región de Valparaiso.
Su relato es muy gráfico, extraordinario, magistral en su descripción  y a uno le parece estar viendo y viviendo aquello que sucedió hace tantos años.
Para ser fiel al espíritu del relato, reproduzco in extenso su artículo ya que me declaro incompetente para hacer una extracción de este.

"Han pasado ya 30 años desde aquel fatídico día de verano de 1986, y en mi mente está incólume el recuerdo de lo vivido en aquella jornada.
Para ese lunes 17 de febrero, yo me desempeñaba como colaborador de Radio Minería de Viña del Mar, a donde había llegado en 1980 para realizar pequeños programas de corte juvenil. Era una participación esporádica, pero que me llenaba de satisfacciones, al efectuar una de las cosas que yo más deseaba: transformarme en un comunicador social de verdad. Cómo iba a imaginar que ese día, y

 de manera tan horrible y dolorosa mi sueño comenzaría a hacerse realidad.
Cerca de las 19.30 horas, junto a un grupo de amigos conversábamos animadamente en la esquina de Avda. Urmeneta y Riquelme… cosas sin importancia, bromas, planes de término de verano.
Minutos más tarde, la sirena de bomberos rompió la tranquilidad. Nuestra conversación siguió alegremente; sin embargo dos hechos llamaron poderosamente mi atención. El primero fue la premura con que bomberos respondió al llamado, ya que casi no terminaba de sonar la alarma general cuando una unidad ya se dirigía velozmente a la emergencia… Lo segundo fue que en cosas de minutos, mi querido y recordado amigo, el periodista de La Estrella y El Mercurio en Limache, Luis Medina Valdés, abandonaba casi corriendo su oficina en la céntrica calle Serrano para doblar en Avda. Urmeneta rumbo a la estación local.
Minutos después, el ulular de sirenas por la avenida principal una vez más llamó mi atención. Eran una unidad de bomberos y una ambulancia de Villa Alemana que venían a toda velocidad, doblando por Serrano hasta desaparecer de mí vista…. “seguramente es un accidente de tránsito de gran envergadura” dije a mis amigos.
Apuré el término de la conversación y me dirigí a la corresponsalía de ambos periódicos.
Allí pregunté si alguien sabía algo y el ayudante de Don Luis me respondió con un – casi distendido comentario- “parece que chocaron unos trenes o algo así “. De inmediato, efectué una llamada telefónica a la segunda compañía de bomberos en donde una voz nerviosa me confirmó lo que recién me habían comentado “Se trata de un rescate, producto del choque de dos trenes “. Debo reconocer que mi primer pensamiento estuvo dirigido a quienes hacían tanto alarde de una situación que seguramente no pasaba de ser una mala maniobra de acoplamiento de un par de vagones. Sin embargo y de inmediato un extraño “olfato periodístico” me alertó que podría tratarse de algo más. No acababa de asumir dichas contradicciones, cuando ya estaba en mi casa recogiendo mi vieja y fiel grabadora a cassette, para luego dirigirme a la estación de la comuna.
Tan sólo entrar al recinto, uno podía apreciar nerviosismo, confusión y mucha preocupación. Carreras para allá y para acá daban cuenta que en realidad “ algo serio ocurría”.
En medio de tanto ajetreo, mi mirada se detuvo en dos funcionarios de Carabineros que comenzaban el proceso de evacuación de la terminal ferroviaria…. “Sí, ellos debían de tener más información “ – pensé y en un instante ya estaba a su lado para solicitar detalles.
Por aquel entonces, mi padre estaba recién acogido a retiro de Carabineros de Chile, tras haber cumplido cerca de 30 años de servicio y haber alcanzado el grado de Suboficial Mayor, de tal forma que nos conocíamos perfectamente con el personal policial.. Pregunté al de mayor rango qué sucedía y su respuesta aún está fresca en mis oídos… “Chocaron dos trenes en Queronque…. No tenemos mayor información de heridos o muertos” y luego hizo alusión a que el turno policial de aquella tarde aún no daba señales de vida “ … y lo peor es que el jefe del turno no aparece….la guardia lo ha llamado vía radial sin parar y él no responde… a lo mejor se metió por ahí a tomar once… mi mayor ordenó que en cuanto aparezcan se reporten con él….. el medio retito que les va a llegar. ”
Lógicamente que – conociendo al personal – mi curiosidad me hizo preguntar quiénes componían dicho turno. La respuesta fue precisa: “ El cabo Luis Cortés Bravo y el Carabinero Dante Martinez Ogaz “.
Pero, ¿ qué había sucedido ? Es justo dejar de lado por un instante mi relato y hacer algo de historia.: Cuando el reloj marcaba las 19.45 horas de ese fatídico día , el tren AES 16 , proveniente de Puerto y con destino la estación Mapocho, en Santiago, y el automotor AES 9, que venía de Los Andes con destino a Valparaíso, sumando entre ellos más de mil pasajeros a bordo, se encontraron de frente -a considerable velocidad- en el centro de una cerrada curva, sector Queronque, a tan sólo 4 kilómetros de Limache.
El impacto fue violento… atroz,… mortal.
Ahí quedaron mortalmente abrazados ambos automotores.
Una mala coordinación entre los operadores de las cabinas de Limache y Peñablanca había provocado que ambos trenes fueran despachados simultáneamente. Días antes de la tragedia, terroristas del FPMR habían dinamitado el acceso al puente Queronque dejando una de las dos vías inhabilitadas. Lo anterior, sumado al robo de cable de cobre que había hecho estragos en las comunicaciones complicaba el normal proceso de movilización, el que se había visto seriamente afectado.
Pero volvamos a lo vivido ese día…
Con la información que ya poseía, bien podía efectuar un despacho para Radio Minería y así fue como en un instante marqué el número de la emisora. El radio controlador de turno, Reinado Aroca, respondió mi llamada. En dos o tres palabras le conté lo que sucedía y le pedí me grabara un despacho. Le solicité que se lo hiciera escuchar al director y que él autorizara su salida al aire. Con el receptor radial sintonizado en el CB-80 del dial AM , en cosa de segundos pude escuchar el característico sonido de EXTRA EN MINERIA y al locutor de turno dándome el pase, para luego escuchar mi grabación informando del trágico hecho.
Instantes después, el mismo despacho volvió a salir al aire, esta vez desde Radio Minería en la capital para todo Chile. Así tuve el triste honor de ser el primero en informar al país de la tragedia.
Los instantes que siguieron fueron de mucho ajetreo. Desde Viña del Mar se me informó que a contar de ese mismo minuto tenía micrófono abierto y que efectuara todos los despachos que pudiese. Debía entonces volver a la estación de Limache y buscar más información.
A esa hora, la noticia ya se había divulgado como un reguero de pólvora.
En la iglesia de Las 40 Horas se desarrollaba la Novena de la Virgen y el sacerdote había interrumpido su prédica para informar a los fieles del accidente y pedir por los fallecidos y heridos.
También Carabineros había reforzado su personal en torno a la estación de Limache y el control de quienes podían ingresar se efectuaba en las esquinas de Prat y Urmeneta. Sin mayor obstáculo superé la barrera policial y cuando ya ingresaba al recinto sentí una voz que me llamaba… “ Molina….Molina… “ Me detuve y me percaté que era el mismo suboficial de instantes atrás. Tan sólo acercármele me lanzó una noticia en la cara…” Apareció el turno…” Recuerdo haberle preguntado….” Y fue muy fuerte el reto?…”. Su expresión cambio de un instante a otro y me respondió… “ Están muertos… iban en la cabina de uno de los trenes que chocó.”
La información fue impactante, pues conocía bien al cabo Luis Cortes, pero no así al carabinero Dante Martínez que, que recién salido del curso de formación policial, tenía a Limache como su primer destino.
Volví una vez más al teléfono e informé la muerte de ambos policías, omitiendo sus grados y nombres ya que en ese mismo instante la institución se encontraba notificando a sus familiares.
Ya a esa hora la Empresa de Ferrocarriles había entregado los nombres de los cinco primeros muertos, todos funcionarios que se encontraban a bordo de los trenes accidentados.
Se trataba de Julio Lorca Hernández, Oscar Catalán, Ramón Carmona Meneses, Rodolfo Valenzuela Bascoli y Fernando Rodríguez Elgueta ( Quiso el destino que años después fuese compañero de trabajo del hermano de este último, y con quien conversamos en más de una oportunidad de lo vivido en aquella aciaga jornada.)
Limache, ya plenamente envuelto por la oscuridad, se encontraba revolucionado. Decenas de personas acudían a la estación local a solicitar mayores detalles y otros a ofrecer su ayuda en lo que fuese posible.
En el sitio de la tragedia ya trabajaba personal de la Armada, de la Base Aeronaval de El Belloto, efectivos de bomberos de diversas comunas, numeroso contingente de Carabineros, equipos de salud y funcionarios de Ferrocarriles del Estado, además de numerosos voluntarios que habían logrado acceder al lugar. Fue en ese instante cuando un pequeño carrito, que se utilizaba para trasladar personal que reparaba las vías apareció en la estación de Limache. A bordo venían numerosas personas y entre ellas un rostro conocido. Era un ex compañero de la Escuela 88 que por aquel entonces prestaba servicios en la Cruz Roja local.
Su impecable traje blanco, con el que acostumbraba a verlo en desfiles o servicios varios, venia manchado de sangre, aceite y tierra. Su rostro – abatido por el cansancio y el dolor – daba cuenta del espantoso cuadro que habían visto sus ojos. Me acerqué rápidamente y le pedí una entrevista…. “ No puedo”, me dijo….. y al instante comprendí que su fortaleza interna estaba totalmente destruida…aniquilada. En breves minutos me hizo una descripción de lo que estaba sucediendo, y al solicitarle una cifra estimativa de muertos, su respuesta me dejó paralogizado: “Yo, personalmente, conté más de cien… ”
Debo reconocer que me costó sobreponerme a tamaña información. Sólo se hablaba hasta ese momento de siete fallecidos. De inmediato volví al teléfono y preparé el despacho.
Radio Minería había dispuesto que los contactos debían hacerse directamente a Santiago, poniendo de inmediato la información al aire a través de la poderosa red que poseía la emisora y que cubría prácticamente todo Chile. En los estudios centrales, el destacado periodista Hernaní Banda había asumido la conducción central de la emergencia. Impactante fue su reacción cuando señalé que “ la cifra de muertos superaba el centenar”. Un silencio absoluto se apoderó de su persona hasta que al cabo de unos pocos segundos – que fueron eternos – me solicitó aclarara la cifra… “ los muertos superan los 100….. uno… cero…cero…” recuerdo que dije al aire. Hernani Banda entonces señaló que “ de ser así, estamos ante la peor tragedia ferroviaria que recuerde la historia de Chile.”
La estación de Limache comenzó a prepararse para recibir una gran cantidad de heridos, que pese a sus lesiones, podían caminar o utilizar otros medios de transporte, dejando así las ambulancias a los que presentaban riesgo vital. Ante mis ojos desfilaban numerosos comerciantes, que abrieron sus locales y sacaron rollos de telas, con las cuales comenzaron a efectuar unas especies de vendas. Otros, en tanto, llegaron con cajas de cartón, las que al abrirse eran puestas en el suelo a modo de improvisadas colchonetas.
Finalmente un carro de ferrocarril arribó a la terminal limachina con cerca de 50 heridos, socorristas y voluntarios de bomberos y carabineros.
Las escenas que se vivieron a continuación fueron macabras. El silencio de la noche dio paso a quejidos, gritos de dolor y llanto. Vi personas que caminaban como autómatas, sin rumbo fijo hasta que alguien las tomaba del brazo y las guiaba a algún vehículo para ser trasladadas al hospital comunal. Las ambulancias no daban abasto y decenas de personas llegaron con sus autos y camionetas para llevar a los lesionados. Tan sólo subirlos al vehículo, partían raudo, tocando la bocina y con personas que gesticulaban pidiendo paso. Otros recibían la escolta de algún carro policial. Lo importante era evacuar a los heridos y que estos obtuvieran una pronta atención médica. Según supe después, un cuadro similar se vivía en Villa Alemana.
Pasada la medianoche, y tras haber visitado el hospital local, estimé que mi trabajo había terminado. Volví a mi departamento, en donde comenté con mi familia las horribles escenas que había visto y conocí información que ellos habían obtenido por otros medios. Una agradable taza de té y un reparador sándwich cerraron mi jornada – o al menos eso era lo que yo creía.
Nada más haberme acostado y haber recitado un par de oraciones por las victimas de aquella espantosa tragedia, la voz de Hernani Banda – a través del receptor radial – me puso una vez más en alerta… “ hasta los estudios de Radio Minería, aquí en Santiago, han llegado decenas de personas que requieren información de sus seres queridos y seguramente a esta hora nuestro corresponsal en Limache, José Fernando Molina, ya trabaja en una nómina de lesionados y sobrevivientes que calmará la desesperación de estos angustiados familiares ”. Ante ese comentario era imposible permanecer en la comodidad de mi cama. Rápidamente me vestí y en cosa de minutos me encontraba en los salones de la Iglesia de Lourdes, en donde el cura párroco Ramón Tapia había habilitado una especie de albergue para los heridos de menor consideración y personas que habían resultado ilesas.
Con la ayuda del profesor Rolando Romero Moscoso, que hacía las veces de jefe de aquel improvisado refugio, me paré en medio del salón y tras identificarme hablé con voz fuerte “ necesito que las personas de Santiago que se encuentran aquí me den sus nombres, direcciones y teléfonos, ya que hay muchos familiares de ustedes que están desesperados buscando información “ Al instante decenas de personas levantaron sus manos y así pude confeccionar un listado, que de inmediato di a conocer en un extenso despacho de más de 45 minutos y en donde pude hacer un resumen de la información obtenida hasta el momento.
Cerca de las 6.45 horas puse término a mi labor iniciada casi 12 horas atrás.
La claridad del alba me indicaba que un nuevo día se nos venía encima y con él nuevas y desagradables sorpresas.
Fue cerca de las 9 de la mañana cuando mi sueño se vio abruptamente interrumpido con los llantos y lamentaciones de una de mis primas. Evelyn, una de sus hermanas, no daba señales de vida. Había partido cerca de las 19.30 hrs. rumbo a Valparaíso y testigos aseguraban haberla visto subirse a uno de los trenes accidentados. Incluso, el tren la había esperado cuando ella corrió desde calle Prat hasta la estación.
Lógicamente no pude seguir durmiendo y mientras mi padre partía rumbo al hospital Santo Tomás de Limache para tratar de ubicarla, yo me encaminé hasta la corresponsalía del diario La Estrella para comentar los últimos acontecimientos.
Por aquellos años, había un conocido local de fotografías a un costado de la corresponsalía y fue allí donde pude ver las instantáneas de los Carabineros muertos el día anterior y que pasarían a formar parte del sumario administrativo que había iniciado la institución. No es mi intención describir las imágenes, sólo puedo decir que al verlas, quedé helado.
Al pasar de algunas horas vi que mi padre aparecía en las puertas de las oficinas de la corresponsalía y con voz baja me dijo… “ encontré a Evelyn.., ” por su semblante y el tono de su voz adiviné que algo terrible había sucedido “Está en la morgue del hospital de Limache… murió anoche luego de ser trasladada de urgencia”
Así, mi querida prima Evelyn Anabalón Briones, asistente de párvulos del jardín infantil “ Caperucita “ de la población Juan Egaña, pasaba a engrosar la lista de fallecidos.
Las horas y días que siguieron, prácticamente están borrados de mi memoria. Sólo recuerdo haber asistido con gran pesar a sus funerales y seguir compartiendo el dolor que su pronta partida ocasionó en sus padres y hermanos.
“Primita querida… te sigo recordando y queriendo como siempre...”
Al cabo de una semana de haber ocurrido los hechos, recibí una invitación para ir a los estudios de Radio Minería en Viña Mar, ya que el director de la emisora, Manuel Miranda Jerez deseaba saludarme. Fue la ocasión en que me transmitió las felicitaciones de la gerencia general de Santiago por la labor desarrollada y me hizo algunos obsequios. Y al instante una oferta que yo jamás había esperado… “ A fines de abril se va el actual Jefe de Programación de la radio, quien ha renunciado para irse a vivir al norte del país…su vacante está disponible y por lo demostrado en la cobertura del accidente creemos que tú eres la persona indicada para ocupar su cargo”, dijo con su característica voz de locutor FM.
Así, dos meses después, el 1 de mayo de 1986 yo pasaba a ser oficialmente funcionario de planta de Radio Minería de Viña del Mar.
El tiempo ha pasado.
La tragedia de Queronque lentamente se ha ido sumiendo en el olvido. Las autoridades de la época cifraron en 58 las víctimas fatales y en 510 los heridos de diversa consideración, aunque quienes estuvimos involucrados en los hechos esa terrible jornada sabemos que los muertos superaron ampliamente los 100.
Varios años después, y con motivo de un aniversario más de la tragedia, fuí al lugar del accidente. No había estado nunca ahí.
La tranquilidad de aquella tarde nada tenía que ver con lo que allí había sucedido. Fue inevitable pensar en todas aquellas vidas que se vieron abruptamente interrumpidas, en el sacrificio desarrollado esa noche por aquellos héroes anónimos a los cuales la historia nunca ha reconocido en su justo valor: Carabineros, marinos, soldados, profesionales de la salud, periodistas y reporteros gráficos que cumplieron una labor abnegada y principalmente a los voluntarios de Bomberos, que con escasísimos medios dieron lo mejor de sí para evacuar a muertos y heridos.
A todos ellos mi más humilde homenaje.
Sólo unas cuantas cruces ubicadas en el lugar exacto de la tragedia recuerdan que la muerte, un día de febrero de 1986, decidió detenerse ahí para llevarse a decenas de veraneantes que volvían de un día de playa o viajaban a cumplir trámites y compromisos.
Ocasionalmente algún tren, del moderno sistema de Metro Valparaíso, hace sonar su pito en dicho lugar, recordando a los desaparecidos.
Treinta años han transcurrido. La estación de Limache ya no es la que era, ha sido completamente refaccionada, y casi nada queda de ese tiempo…
Modernos sistemas de cobros y de acercamientos a los sectores más alejados han llegado a ocupar el espacio que un día fue testigo de llanto, dolor y pena… UNA NOCHE QUE LIMACHE, JAMÁS OLVIDARÁ".

Imagen tomada de noticiasconhistoria.wordpress.com

Imagen tomada de www.guioteca.com


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