miércoles, 25 de diciembre de 2013

Recordar, celebrar, hacer...

Nacimiento lds.org
Navidad es la época mágica. Las vidrieras o vitrinas están repletas de artículos de regalo, las jugueterias rebosan, los árboles de navidad iluminados, adornos por doquier, las casas hermosamente decoradas, los villancicos se escuchan en diferentes lugares; Santa, Viejo Pascuero o Papá Noel aparece en cualquier lugar, de pronto está aquí, luego está allá, casi al instante, desafiando tiempo y espacio...Los niños lo miran embobados, claro que también hay pequeñitos que lloran y no quieren la tradicional fotografía...
De pronto es un hombre alto y gordo, después está un tanto delgado y la ropa le queda grande; a veces tiene una barba blanca bien natural, de pronto a los chicos les parece que es similar al algodón.
El Viejo Pascuero se mueve entre el público, sudando como  si dentro de un sauna estuviera, y no es para menos, la temperatura en estos momentos (24 diciembre 2013, 16 horas) es de 36 grados Celsius acá en la ciudad de Chillán, en Chile.
El traje rojo y grueso, las botas a media pierna, el gorro y para rematarla, la barba; y por si esto fuera poco, el relleno para la guatita por si esta muy flaco. Y sin contar la gran bolsa que lleva al hombro...En esta fechas debe perder sus buenos kilos, me imagino...Las madres, frenéticas, desean hacer posar a sus pequeños para el recuerdo, el calor juega en contra y los ánimos no son los mejores...La avalancha de gente entrando a las grandes tiendas, el desorden, especialmente de las prendas de vestir, como si recién hubieran entrado a saquear; las largas filas en las cajas recaudadoras, y algo muy favorable, el aire acondicionado al interior, que luego se lamenta al enfrentarse de nuevo al horno que significa volver al exterior...
El comercio ambulante grita sus mercancías, los vehículos tocan sus bocinas como si eso fuera a solucionar algo y despejar la calle para que ellos pudieran avanzar sin problemas en medio de los inmensos tacos; las heladerías...imposible acceder a ellas, los empleados hacen sus mejores esfuerzos, pero están sobrepasados.
La locomoción colectiva satura las calles, claro, es mejor ir hasta el centro en transporte público, ya que  los estacionamientos están copados...La gente anda nerviosa, cansada, acalorada, estresada...Quienes desempeñan funciones de atención al público están peor que ellos, terminan el día totalmente agotados...
¿Que es lo que provoca esto?  ¿Que es lo que hace que el ambiente esté sobrecargado?
¿Es el recuerdo del Niño de Belén? ¿Es acaso ese nacimiento ocurrido hace tanto tiempo, en tan remotas épocas? ¿Es por el el cumplimiento de las profecías de épocas aún más remotas que la primera?
¿Cómo podemos hacer congeniar dos situaciones tan disimiles, pero que se juntan año tras año, en una sola? Porque se juntan, ¿verdad?
Podemos recordar el nacimiento de Jesucristo, darle su lugar, reconocer que lo que se celebra es eso, pensar en las cosas que le agradecemos, en la influencia que haya podido tener en nuestra vida, en la fe que nos enseñaron nuestros padres. ¿Qué podemos recordar o aprender? Por ejemplo,  recordar que vino a este mundo en situaciones muy humildes, no porque su familia fuera indigente sino que, porque justo es los momentos en que su madre lo esperaba se promulgó el edicto de Augusto César de que todo el mundo fuese empadronado, en otras palabras, se realizaría un censo. Pero en aquellos tiempos, según la costumbre judía,  las personas debían registrarse no en el lugar  en que vivían, sino que en el de donde eran originarios sus antepasados o que ellos declaraban como su lugar de origen . Si el censo se hubiera realizado de la manera romana, las personas se habrían empadronado en el sitio donde residían, sin embargo, se respetaba la costumbre judía. Ellos eran de la "casa y la familia de David".  Esto hizo que José y María se dirigieran desde Nazareth, en Galilea, hasta Belén, en Judea, la tierra de su gran antepasado, David. Como es de suponer la muchedumbre debe haber copado las calles y cuanto lugar hubiera disponible para dormir, el movimiento de personas trasladándose de un lugar a otro debe haber sido abundante. Y esta debe haber sido la razón para que "no había lugar para ellos en el mesón". Sin embargo, encontraron  un lugar donde al menos tendrían un techo. Esta serie de  acontecimientos fueron dando uno a uno  cumplimiento a las  antiguas profecías. Dudo que Augusto César hubiera pensado en ello al dictar su edicto.
Este tipo de cosas podemos recordar y contar a nuestros hijos....  
Pero también podemos dar obsequios a nuestras familias y amigos, que en el fondo es una  muestra de nuestro amor por ellos. Desconozco el origen de la costumbre de dar regalos para esta fecha. Algunos dicen que se origina en los Reyes Magos u hombres sabios que llegaron a visitar a Jesús llevando presentes. Y que la costumbre cristiana lo hace para recordar el regalo del Padre al darnos a Su Hijo.
Sea cual sea la tradición y su origen, la verdad es que resulta grato dar y recibir regalos. Lo importante es que, para el mundo cristiano, esta costumbre no sobrepase ni relegue a último plano el verdadero sentido de la Navidad.
Si, podemos dar regalos y mostrar nuestro amor por medio de estos, y podemos dar el verdadero sentido a la fecha.
Lo mejor de todo es que podemos hacer todo esto sin el estrés casi acostumbrado.
La clave es organizarnos con tiempo. Si tenemos la costumbre de andar a última hora, hacer los esfuerzos necesarios para hacer todo con tiempo. Planificar con tiempo, organizar una lectura de Navidad con la familia, una representación de la escena del nacimiento con los más pequeños, buscar historias que refuercen la creencia y la fe en Jesucristo, planear actividades de servicio para los más necesitados, donde todos se involucren, buscar oportunidades de servir. Si dejamos que hable nuestro corazón nos daremos cuenta de lo mucho que podemos hacer, de lo muy felices que seremos haciéndolo y de la felicidad que podemos brindar.
Y respecto a los regalos, cada uno conoce a su gente y conoce lo que necesita o desea. Podemos ir haciendo las compras de a poco, cuando el poder adquisitivo no es tanto, esta es la mejor forma de enfrentar estos gastos. Uno o dos regalos un mes, otros dos el otro mes...Para cuando llegue diciembre tendremos todo listo sin necesidad de endeudarnos "en 24 meses plazo" ni en ningún otro plazo.
Tendremos el control de la situación en nuestras manos y no daremos pié para que  la situación nos controle a nosotros.
Con un poco de esfuerzo, deseo y planificación, podremos disfrutar del verdadero sentido de la Navidad, con relajo, con alegría, con actitud muy positiva y todo irá saliendo naturalmente. Podremos disfrutar de la cena de Navidad, preparada durante el día con la calma necesaria (porque ya no tenemos que salir a comprar nada), podremos disfrutar de un tiempo con la familia luego de la cena, para hablar de las historias recopiladas, leer el relato del nacimiento de Jesucristo que se encuentra en los Evangelios, ir a visitar a quienes están solos llevándoles presentes, hacer un recorrido por las casas de aquellos que elegimos para visitar...Y luego disfrutar de nuestros propios  regalos con el corazón y el alma llena de alegría y de paz, esa paz que se deseaba para todos hace muchos años y que escucharon los oídos de los humildes pastores a quienes el ángel les reveló que había nacido el Cristo "y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales que alababan a Dios y decían: Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con todos los hombres" Lucas 2:13-14
Y será una Navidad como ninguna otra , porque el mayor y mejor regalo habrá venido a nosotros por medio del maravilloso sentimiento que embargará nuestra alma.

                ¡¡Una muy Feliz Navidad a todos quienes lean estas humildes líneas!!


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