miércoles, 6 de noviembre de 2013

Visita a tus Padres: Post de invitado de My Heritage, escrito por una servidora...

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6    Nov 20131 Comentario

Post de invitado: “Visita a tus Padres” por Mercedes Olivares de Ardiles

 No es un sermón el que voy a darte, ni una reprimenda. Es sólo que he estado pensando mucho en los padres ancianos que se quedan demasiado solos.
Un día tuvieron su casa llena de hijos, niños que corrían de aquí para allá, siempre necesitando algo de sus padres. El padre trabajando cada día, a veces en trabajos de su agrado y otras veces en algunos que mejor hubiera sido renunciar,  pero tenía que seguir adelante para suplir las necesidades siempre crecientes de su familia. La madre cuidando del hogar y de los hijos, haciendo todo a  mano, lavando a mano, haciendo pan, cocinando sin la ayuda de electrodomésticos, limpiando la casa de la misma forma, todo a pulso, lavando incluso los pañales de los bebés, ya que no existían los desechables…Un trabajo de nunca acabar  y sin la ayuda de las máquinas que ahora sacan de tanto apuro. Para los inviernos era doble trabajo. Prender fuego para secar la ropa…
Un día tú te fuiste de tu hogar para tener tu propia familia. Y se fueron yendo poco a poco cada uno de tus hermanos. Abandonaron el nido para formar uno nuevo. La mesa familiar se fue quedando vacía, silla por silla…Disminuía la familia, se reducía el trabajo,  pero también disminuían las fuerzas de tus padres. Los años pasaban y ellos ya no eran tan fuertes, ni tan capaces, ni les rendía tanto el tiempo. Sus movimientos se fueron volviendo lentos, sus manos se volvían un tanto torpes, sus reflejos ya no eran instantáneos. Se les cansó la vista poco a poco, comenzaron a dormitar en sus sillones, cosa que antes no hacían…Y los años seguían pasando..
Llegó el momento de la jubilación de tu padre, del retiro de su trabajo, ya no tenía la lucidez mental, ni la fuerza, ni la energía de sus años mozos…Y regresó al hogar a tiempo completo. Al tiempo que él regresaba se iban los últimos hijos…Quedaron solos, como cuando comenzaron, pero esta vez con una mochila cargada de recuerdos, quedaba la costumbre de poner más cubiertos a la mesa, más de los necesarios, comenzó a sobrar la comida preparada, hubo que empezar a cambiar a ollas más pequeñas, a cocinar menos cantidad… Poner el cerrojo a la puerta de calle ya que nadie más entraría por ella, nadie vendría del colegio, ni del trabajo, ni de donde los amigos, apagar las luces…
Y al otro día comenzar de nuevo… Ya no vienen por casa las amigas de las hijas que siempre estaban allí, ni los muchachos...Ya nadie instala lo necesario para ver una película junto a sus amigos, ya no se escuchan las carcajadas de siempre. Ya no suena el timbre a cada rato, ni el teléfono…
Y se van acabando las fuerzas y acumulando los años…
Esperar y esperar por una  carta que no llega, por un  llamada que no se hace, una visita que se anhela…
Tiempo de vacaciones, los niños salen de la escuela, termina el año escolar y es tiempo de ir donde los abuelos…Si, los abuelos, tus padres y los abuelos de tus hijos…
Todo listo, todo preparado y se inicia el viaje… ¡Tus padres no pueden más de alegría! Se preparan también, arreglan las piezas para dormir, sabanitas limpias, todo bien aseado, lo mejor que ellos pueden para que te sientas bienvenido, para atenderte. La comida que más te gustaba cuando estabas en casa, esa es la que prepararán,  tu padre va a hacer las compras, con una lista en la mano para que no se le olvide nada. Mientras, tu mamá arregla la casa, lava, limpia, ordena, ve los detalles… pero recuerda, ellos ya no son los mismo de antes, están mayores y se han vuelto lentos, a lo mejor no quedó todo tan limpio y reluciente como antes, pero ellos creen que está bien…
¡Y llega el gran día! Tu llegarás con tu familia a eso de mediodía, saliste temprano para aprovechar bien el día. Tus padres se levantan más temprano que nunca, para tener todo listo. Tus niños están ansiosos mientras viajan, tus padres están ansiosos mientras esperan. Cada ruido parece indicarles que han llegado, miran  por la ventana, no, no eras tú, fue un auto que paso de largo…
Ven que no falte nada ¿será hora de prender el fuego? Para tener un bracerito cuando llegues, a ti te gustaba sentarte al lado del brasero para comer una pailita de huevos… ¡que emoción!
¡Llegaron,  llegaron! Exclama tu padre que está atento a cada ruido y no se ha movido del lado de la ventana. Abrazos y besos abundan en la llegada… ¡tanto tiempo, hijo! ¡Qué lindos y grandes están los niños!
Después de los saludos y bajar las maletas y demases, pasas al comedor. Tu padre te ofrece asiento al lado del bracero, como te gustaba. Pero ya no te gusta, incluso le dices que no debía haber tenido fuego, que no es necesario. Te sientas lejos, en otro lugar. Tu padre saca el bracero al patio, ya no es necesario…Y va pasando el día…
En el patio tus hijos descubren un perrito pequeño, que tímidamente los mira…Se nota que es nuevo, jovencito. Los niños se entusiasman con él y quieren jugar… Se los impides, no te gustan los animales, menos lo perros, no quieres que tus hijos se ensucien con sus pelos. .. ¿De dónde sacaron ese perro? ¿Por qué ahora tienen un perro si nunca tuvieron uno? Que extraños que se están volviendo tus padres, es lo que piensas…Tratan de explicarte que se los regalaron, que es muy bueno y tranquilo y no le hace daño a nadie, que está limpio… De todas formas no lo quieres cerca de tus hijos, así que tus padres tienen que encerrarlo en el cuarto de guardar, y llevarle comidita y agua, por el tiempo que dure tu visita..
Encuentras que la casa es chica, que no hay comodidades, y necesitas Internet para tu celular, aquí no hay nada de nada, ni lavadora para que tu esposa lave la ropa, el televisor es de pantalla chica y no se ve bien, tampoco tienen cable, solo los canales locales y se ven borrosos para hacerlo peor…
Recorres la casa paterna ¿Cómo pude vivir aquí? Los cuartos son demasiado chicos, lo mismo el baño, el patio tiene olor a humedad y las plantas están tan altas que eso parece una selva… Los niños se aburren, porque no hay esto ni lo otro…
La “salvación” es salir, a recorrer la ciudad, a comer afuera, a visitar a los amigos…Eso estuvo mejor, ellos viven más como tu vives, los niños están entretenidos, que buena idea fue salir de casa de tus padres. Eso harán los días que faltan salir y llegar por la noche, a dormir solamente. Llegan las invitaciones de los amigos que viven en la misma ciudad, a almorzar, a cenar, a tomar onces, y te haces un plan para que te alcance el tiempo ¡salvaste tus vacaciones!
Llega el momento de partir, el tiempo se fue demasiado rápido, voló prácticamente…
De regreso te sientes tranquilo porque visitaste a tus padres, pero espera un momento ¿Visitaste a tus padres?  ¿Realmente visitaste a tus padres?  ¿Permitiste que disfrutaran a tus hijos, compartiste con ellos lo suficiente?
¿Y qué me dices del perrito que tenían? ¿No los hiciste sufrir teniendo que encerrarlo para que tú estuvieras conforme? Piensa un poco, antes no tenían un perrito y ahora sí tienen uno ¿Eso no te hace pensar en porque lo tendrán? A lo mejor sería interesante que supieras que la soledad en que están es tan grande que tienen  ese perrito quien les da la compañía y el amor que tanto necesitan.  Un animalito  llega a ser como de la familia. Ellos están solos y quién sabe si su perrito ayuda a llenar un poco el enorme vacío que quedó cuando los hijos se fueron. El se echará al lado de tus padres cuando ellos dormitan en sus sillones, saltará de alegría cuando han salido y regresan, acompañará al que quedó en casa cuando el otro ha salido, correrá al escuchar el timbre,  o simplemente los mirará con sus ojos hermosos…
Tienes razón en que la casa es chica y que no tiene comodidades, no las comodidades a las que tú te has acostumbrado; piensa que el trabajo que tenía tu padre era tan diferente al tuyo, que su sueldo era muy inferior y no le alcanzaba para más, pero que si le alcanzó para que tu estudiaras una profesión,  que te ha dado un buen sueldo y una casa con todas las comodidades que ellos nunca tuvieron y ya no tendrán. Piensa y recuerda que tu allí viviste y te criaste  y recibiste de ellos lo mejor que pudieron darte. Recuerda que te gustaba sentarte al lado del brasero para comer huevos fritos preparados en el por tu madre. ¿Por qué ahora no los aceptaste?
¿Qué está pasando contigo? ¿Por qué no les diste la alegría de aceptar lo que ellos tenían para ti? ¿Porqué no les dijiste que su perrito era hermoso y otras palabras dulces?
Visita a tus padres, si, visítalos en su ancianidad, ríe con ellos, recuerda con ellos, acéptales sus “regalos”, acepta su nueva forma de vida y a sus mascotas, diles lo feliz que te sientes de estar en el hogar nuevamente aunque sea por unos días. Déjalos que disfruten a sus nietos, que les cuenten sus historias. Visítalos,  pero que sean días bien vividos, bien disfrutados, sin  escapar de la pobreza en que viven, de la falta de comodidades, y de todo lo que es su vida ahora. Habrá tiempo después para visitar a tus amigos, cuando tus ancianos padres ya no vivan en la casita pequeña y hayan cambiado su domicilio a un lugar donde solo podrás llevarle flores…

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